El IMOCA Open 60 Safran pasa el test de vuelco.

El test pone a prueba la capacidad del patrón para enderezar su barco sin ayuda exterior mediante la activación de la quilla pivotante.

Tras su bautizo el 7 de marzo, el Safran regresó al astillero para los arreglos finales y para completar el acondicionamiento interior. Tras ser equipado con la quilla y botado de nuevo al agua el 10 de abril en Lorient, el monocasco de Morgan Lagravière pasó la prueba de vuelco de 180º requerida por las reglas de clase de los IMOCA Open 60.

Test de vuelco del Safran © F. Van Malleghem/DPPI/Safran
Test de vuelco del Safran © F. Van Malleghem/DPPI/Safran

El test de vuelco es una fase muy importante en el recorrido del proyecto del barco, ya que es el último paso antes de hacerse a la mar, y también es una experiencia impresionante el presenciarlo. De acuerdo con los reglas de clase de los IMOCA Open 60, cada nuevo barco debe efectuar el test de vuelco de 180º. Es una operación espectacular, ya que se gira el casco dejando la quilla en el aire, utilizando para ello una grúa con una eslinga enganchada en el bulbo de la quilla para simular la zozobra del barco desarbolado. Con esta simulación se pretende poner a prueba la capacidad del patrón para enderezar su barco sin ayuda exterior, mediante la activación de la quilla pivotante. Morgan Lagravière y su Safran pasaron esta prueba el viernes 10 de abril en Lorient.

Quilla al sol…

Aquí estamos a bordo, dentro del nuevo monocasco. “Estoy preocupado porque esta es la primera vez que ‘sufro’ la prueba”, comenta Lagravière, el patrón del Safran. Los miembros del equipo técnico abandonan la cubierta y la grúa comienza a girar el casco. Sentimos como el barco gira gradualmente. Con un ángulo de escora de 90º entre el casco y el agua todos perdemos los apoyos. “¿Te imaginas encontrarte a ti mismo en esta situación, completamente solo en el mar?” se pregunta Lagravière, en un tono entre medio divertido y medio preocupado. No hay tiempo para pensar; rápidamente el Safran se encuentra con la ‘quilla al sol’ y con la cubierta tocando el agua La oscuridad es casi total. No es fácil pensar con claridad cuando estás al revés. Desde el muelle, Marc Guillemot le va dando valiosos consejos por la radio VHF. Con una linterna en la frente y el traje de supervivencia puesto, Lagravière se encamina a través de un estrecho túnel a la escotilla de escape de popa. Es un ‘paseo’ no recomendable para claustrofóbicos…

La adrenalina y el alivio.

Tal y como requieren las reglas de la clase, Lagravière salta al agua y, tras unos instantes en el agua, regresa de nuevo al barco a través de la misma escotilla. A continuación, se prepara para adrizarlo. Con un mando a distancia, se activa la quilla pivotante, primero muy despacio pero luego con mucha más fuerza. En esos momentos, la adrenalina fluye por todo el cuerpo. “Sólo unos centímetros más… está bien”, dice Lagravière. La rotación comienza con suavidad pero termina con una impresionante y repentino golpe. Todo va según lo previsto, para alivio de Lagravière. “Esto es una prueba más que hay que hacer, y está bien hecha”, dice con mucho entusiasmo. “Espero no tener que repetirla con este barco”. Tras montar el mástil después de la prueba, el Safran fue transportado el sábado a su puerto base en La Trinité-sur-Mer…

Saludos y buenos vientos.

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