El Maxi Edmond de Rothschild navega de regreso a casa

A finales de la semana pasada, solo unas horas bastaron para que el Gitana Team pasara de la satisfacción de un tiempo récord para su descenso del Atlántico a bordo de su maxi-trimarán volador a la gran decepción al descubrir los daños en su timón, lo que puso fin definitivamente a su intento de récord en el Trofeo Jules Verne. Desde entonces, la tripulación del Maxi Edmond de Rothschild ha puesto rumbo a su base y no ha escatimado esfuerzos para superar las difíciles condiciones climáticas hasta alcanzar latitudes más hospitalarias hacia el norte. Ante una serie de limitaciones logísticas, directamente vinculadas con las restricciones sanitarias vigentes como consecuencia de la pandemia mundial, los seis marineros, de acuerdo con Cyril Dardashti y su router, Marcel van Triest, han decidido regresar a su puerto de base navegando y por sus propios medios, lo que supone no hacer la escala prevista en Ciudad del Cabo para efectuar las reparaciones.

La rotura no es compatible con la seguridad o el rendimiento.

“La decisión de abandonar nuestro intento se debe a la rotura de la culata del timón del flotador de estribor”, nos recuerda Pierre Tissier. “Aún es muy pronto para explicar las razones exactas de esta rotura, a pesar de que hemos tenido muchas discusiones con la tripulación y podemos fundamentar ciertas hipótesis. Sin embargo, el acceso al área afectada es muy difícil ya que el sistema de timón está demasiado expuesto en la sección de popa del barco, lo que significa que aún no es posible realizar unas investigaciones más extensas. Por eso, pensar en llevar una pieza de repuesto para hacer un reemplazo en el mar está totalmente fuera de lugar”, agregó el director técnico de la escudería de las cinco flechas.

Tras el anuncio del abandono, la realidad es que se planteó en varias ocasiones la opción de enviar una pieza de repuesto, pero este fue el razonamiento para non enviarla: “Un timón pesa alrededor de 200 kg y el montaje o desmontaje de dicha pieza requiere un procedimiento especial; hacen falta tres personas y una grúa de apoyo, además de estar amarrado en un puerto y sin mar gruesa… En alta mar, la tripulación no tiene el utillaje necesario y, sobre todo, no puede acceder a la zona en cuestión, que se encuentra muy a popa y está protegida por los apéndices a modo de cola del timón”, explicó Sébastien Sainson, director de la oficina de diseño del Gitana.

© Y.Riou / polaRYSE / GITANA S.A

Este daño obligó a Franck Cammas, Charles Caudrelier y sus cuatro tripulantes a interrumpir a regañadientes un intento de récord que estaba en pleno progreso y que parecía muy prometedor gracias a la meteorología que se avecinaba … Sin embargo, sumergirse en el Océano Austral, fuera del alcance de cualquier asistencia de emergencia rápida, no deja lugar a especulaciones. En la latitud de 50° sur, lindando con una zona propensa al hielo, la tripulación debe poder ser totalmente autónoma y controlar su trayectoria en cualquier circunstancia.

“El Maxi Edmond de Rothschild está equipado con timones elevables en los flotadores, lo cual es una suerte porque desde que se produjeron los daños, la tripulación ha podido navegar casi normalmente con el timón levantado. En términos prácticos, si este daño hubiera ocurrido más adelante en nuestra vuelta al mundo, podríamos haber visto las cosas de manera diferente, sin embargo, en nuestro caso, es el aspecto de la seguridad lo que prevaleció. Acabábamos de entrar en el Océano Austral. No podíamos utilizar uno de nuestros timones, lo que significaba que la única forma de dirigir el barco era utilizando el timón del otro flotador y el timón central”, explicó Pierre Tissier, y Sébastien Sainson aportó más luz sobre el tema. “Gracias a la experiencia que hemos adquirido y las numerosas millas recorridas por el Maxi, hemos comprobado que el timón central está más expuesto al impacto que antes, lo que debe deberse a la incorporación de los elevadores. Como resultado, existe un riesgo adicional de terminar con dos timones dañados y un barco que es imposible de gobernar en algunas de las áreas más remotas del mundo. Simplemente no era razonable y, por lo tanto, era impensable continuar”.

Por último, pero no menos importante, estaba la cuestión del rendimiento. Intentar un récord de velocidad implica saber qué objetivo deseas lograr antes de zarpar. Dado el tiempo excepcional de 40 días, 23 horas y 30 minutos registrado por Francis Joyon y sus hombres, en el momento en que cruzaron la línea de salida el pasado 10 de enero frente a la costa de Ushant, los tripulantes del Maxi Edmond de Rothschild sabían que no había margen para el error. “Si dejamos a un lado el tema de la seguridad en el Océano Austral, lo que obviamente no es factible en el mundo real, esta rotura es una verdadera desventaja cuando el barco navega amurado a babor. Calculamos que el barco pierde alrededor del 20% de su potencial. En el sur, donde la navegación predominante es de popa, esta avería inevitablemente habría tenido un impacto importante, pero durante una ceñida, con lo que implica navegar de ceñida, o a un largo, las velocidades habrían sido uniformes, excepto amurados a estribor, por supuesto… Es difícil, pero esa es la naturaleza de los intentos de récord y el Trofeo Jules Verne“, concluyó Cyril Dardashti.

La escudería Gitana se quita el sombrero ante Boris Herrmann

A pocas horas del tan esperado desenlace de la Vendée Globe, el escenario actual no tiene precedentes, con ocho navegantes agrupados en un radio de 500 millas. Además de eso, aún no se han otorgado una serie de bonificaciones de tiempo, lo que debería reorganizar las cartas para el podio final, y por una vez, probablemente diferirá de los puestos en la línea de meta. En este momento histórico, los pensamientos del equipo de Gitana están con Boris Herrmann. El regatista alemán, que ataca su última noche en el mar en el trío de cabeza es la sorpresa de esta edición 2020-2021. Ha realizado una regata magistral a bordo del Imoca Malizia Sea Explorer y ha estado enarbolando con orgullo la bandera del Yacht Club de Mónaco durante esta vuelta al mundo llena de acción. El 60 pies no es otro que el antiguo Mono60 Edmond de Rothschild, barco con el que la escudería participó en la edición del 2016.

Saludos y buenos vientos

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