Españoles en La Volvo Ocean Race. Capítulo 1.- Los pioneros

Edición 1977-1978: Enrique Vidal Paz y Enrique Gutiérrez-Zulueta ‘Zulu’

Noventa y cuatro, esa es la cifra. Noventa y cuatro valientes españoles, en un determinado momento de sus vidas, apartaron todo lo que tenían entre manos y se embarcaron en lo que posiblemente iba a ser la aventura de sus vidas. Desde abogados, arquitectos, delineantes, ingenieros navales o médicos dedicados a navegantes aficionados en sus ratos libres hasta los navegantes profesionales, todos ellos compartieron a lo largo de unos meses un sueño común: ganar la regata de vuelta al mundo. Desde el año 1977, noventa y cuatro hombres lo intentaron a bordo de proyectos españoles y extranjeros pero solo dos alcanzaron la gloria y saborearon las mieles de la victoria en la Volvo Ocean Race: Joan Vila en la edición 2001-2002 a bordo del Illbruck y Chuny Bermúdez en la edición 2014-2015 a bordo del Abu Dhabi Ocean Racing.

La Volvo Ocean Race es la vuelta al mundo a vela por equipos más importante que existe. Comenzó su andadura en el año 1973 bajo el nombre de Whitbread, y hoy en día es la regata transoceánica de mayor repercusión, así como uno de los premios más preciados en este deporte. Dura casi nueve meses, lo que la convierte, además, en el evento deportivo más largo que existe, y uno de los más extremos.

En la primera edición de la regata, España, aplicando el argot taurino, veía los toros desde la barrera. Comenzaba su andadura la Whitbread – hoy Volvo Ocean Race – y para nosotros pasaba sin pena ni gloria; era una regata más en el panorama náutico mundial.

Edición 1977-1978: Enrique Vidal Paz, ‘B&B Italia’ y Enrique Gutiérrez-Zulueta ‘Zulu’, ‘Great Britain II’, los pioneros.

Donde de verdad comienza para nosotros esta historia en 1977. Muy pocos navegantes sabían de lo que significaba afrontar vientos de 40 nudos, icebergs de 100 metros y tener el frío metido en los huesos. No había navegación vía satélite ni partes meteorológicos vía fax para los equipos de la regata organizada por la Royal Naval Sailing Association y desde luego hablar de trajes de agua para referirse a las prendas de PVC no era lo más acertado.

15 veleros con 168 tripulantes en representación de 12 naciones distintas iban a pelear por el preciado trofeo. Entre estos aventureros se encontraban dos españoles: Enrique Vidal Paz a bordo del ‘B&B Italia’ y Enrique Gutiérrez-Zulueta ‘Zulu’ a bordo del ‘Great Britain II’ (GB II). Vidal y Zulueta tuvieron el honor de ser los navegantes que descorcharon las participaciones nacionales en la Vuelta al Mundo.

Enrique Gutiérrez-Zulueta se había formado como marino embarcándose en veleros de instrucción extranjeros, contabilizando en su haber varios miles de millas como tripulante polivalente. Como anécdota señalar que Zulueta tuvo que pagar su plaza para poder embarcar en el GB II.

Enrique Gutiérrez-Zulueta, a bordo del Great Britain II © EZ
Enrique Gutiérrez-Zulueta, a bordo del Great Britain II © EZ

El barco en el que navegaba el bilbaíno ‘Zulu’, el GB II – el barco del célebre marino inglés Chay Blyth, que ya había competido en la edición anterior -, fue uno de los barcos destacados en esta segunda edición. Entró vencedor en Portsmouth pero no le sirvió de mucho ya que, al igual que sucediera en la edición anterior, los jueces decidieron que el barco más rápido había sido el ‘Flyer’ de Cornelsis van Rietschoten (D.E.P.), más conocido como el ‘holandés errante’.

Por su parte, Enrique Vidal Paz estaba enrolado en el velero italiano ‘B&B Italia’, que con sus 16,62 metros de eslora era uno de los barcos más pequeños de la flota. Un año antes Vidal había participado en la regata transatlántica Ostar a bordo de un robusto Puma 34 de construcción nacional, el ‘Castañuela’, con el que terminó en una buena posición tras la dura prueba de cruzar el Atlántico Norte en solitario.

Con el absoluto desinterés por las cosas de la mar que había en la España de los setenta, zarparían desde Gran Bretaña estos dos extraordinarios marinos. Sin embargo la participación en la Whitbread de estos dos fenomenales marinos españoles abriría una brecha en nuestra náutica deportiva. Después, y durante unos años de forma continuada, lograríamos estar en la salida de esta durísima regata, que no sólo pone a prueba a marinos y barcos, sino que proporcionaba y proporciona hoy el grado de desarrollo náutico que posee cada país.

Al concluir la primera etapa de la Whitbread de 1977, ‘Zulu’ comentaba que: «Es increíble comprobar lo que puede aguantar un barco de vela sometido a una meteorología de locos. Al principio estás un poco receloso, pues piensas que la embarcación no podrá aguantarlo, pero, a medida que lo observas navegar te das cuenta de que están hechos para eso; que los barcos bien construidos lo pueden aguantar casi todo. Que las condiciones en las que normalmente navegamos en vacaciones no son nada en comparación con lo que en realidad pueden soportar».

Tras su primera participación en la mítica vuelta al mundo a vela, también Enrique Vidal contaría sus impresiones en un extraordinario libro titulado ‘Contra Viento y Marea’: «Lo que más me cuesta es tener que compartir responsabilidades. Cuando navego en solitario sólo yo soy el responsable del barco. No es que sea mejor ni peor, son dos formas de navegar muy diferentes, y si me preguntas con cuál me quedaría, sin ninguna duda que lo haría con la navegación en solitario; es más pura, más tuya. Si te equivocas o aciertas es por tus decisiones».

B&B Italia © Enrique Vidal Paz
B&B Italia © Enrique Vidal Paz

La regata, como no, fue muy dura y no exenta de riesgos y penalidades a los que se enfrentaron Zulú y Vidal. Como nota aclaratoria, dejo esta breve anotación de Vidal en su libro ‘Contra Viento y Marea’ sobre el encuentro del B&B Italia con un growler: «La visibilidad era muy reducida; el frío, intensísimo. Navegábamos con viento de poniente de 35 a 40 nudos con el génova atangonado. Marco Facca iba al timón. De repente se produjo un estallido: en una orzada se había partido en dos el génova 4. Instintivamente y a toda velocidad me dirigía a proa para tratar de arriar los trozos que quedaban de esa vela. Enrico, el otro tripulante de guardia, bajó al pañol de velas para preparar un foque e izarlo enseguida».

Iceberg desde B&B Italia ©  Enrique Vidal Paz
Iceberg desde B&B Italia © Enrique Vidal Paz

«En aquel momento le grité: ¡Enrico, mira a proa! Un hielo flotante de cuatro metros de diámetro y uno de altura se hallaba justo en proa. Ya no podía hacer nada, ni había nada que hacer. Íbamos navegando a 7 u 8 nudos, sólo con la mayor y grité fuerte al timonel: ¡Orza violentamente! En aquel momento Marco orzó, agradeciendo que me oyera. Logramos pasar a unos diez metros a barlovento de aquel growler, o hielo flotante, que son los más peligrosos, ya que apenas se ven. Fue verdaderamente milagroso que Enrico y yo lo lográsemos ver en plena noche». (Enrique Vidal)

Esta primera participación de estos dos navegantes españoles alentaría un proyecto español dirigido por el gran marino y ex-presidente de la Autoridad Portuaria de Barcelona, Joaquín Coello. Pero eso ya es otro capítulo de la historia.

Saludos y buenos vientos.
© Juan Rivas

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