La Capitán Magenta.

“El objetivo era el de inspirar y motivar a la gente a hacer cosas que pensaban que eran incapaces de hacer y creo que lo hemos logrado”.

No es de estrañar que nombres como el de la americana Molly Carney, la soviética Anna Ivanovna Shchetinina, la inglesa Victoria Drummond, la finesa Lena Ringbom, la española Idoia Ibáñez, la sueca Karin Stahre-Janson, la americana Akhona Geveza o la gallega Sonia Cabado no nos suenen. La verdad es que a mí tampoco me sonaban hasta que empecé a indagar sobre la relación de las mujeres y el mar. Todas ellas fueron pioneras en sus paises, destacando por su valentía a la hora de elegir una profesión de las más duras y destinada solo para hombres: la marina.

En esta ocasión, no voy hablar de estas capitanes y oficiales de la marina… Os voy a hablar de otra gran mujer que, al igual que sus predecesoras, hace del mar su hogar y de las regatas su forma de vida…

Conocida como “la petite anglaise” (la pequeña inglesa), nació hace 41 años en Portsmouth. Graduada en Cambridge como ingeniero mecánico, es una reputada regatista en solitario. Pasó su adolescencia en la Isla de Hayling y actualmente reside en Trégunc, en la Bretaña francesa, cuna de los grandes patrones oceánicos. Cuando uno ve la ubicación de sus lugares de residencia, comienza a entender el recorrido de la gran regatista. Su pasión es navegar. Punto.

Su comida favorita es la ensalada con queso de cabra francés, el té Earl Grey con leche y sin azúcar, el chocolate con leche Cadbury, el queso francés y las creppes de Chez Marie en Port La Foret (Francia).

Supersticiosa como muchos marinos, nunca lleva ni plátanos ni conejos (aunque sean de peluche) a bordo. Su pasión por el mar le viene de familia ya que sus abuelos maternos eran dueños de un pequeño astillero y su abuelo paterno era comandante de submarinos en la British Navy. Y como buena regatista que es, aplica siempre el dicho de que en el mar hay que reaccionar primero y llorar después.

Su currículo oceánico es envidiable. A modo de breve resumen, señalar que ha competido en dos Vendée Globe, tres Transat Jacques Vabre y en la clase Open 60 durante la última década. En 2008 acabó cuarta en la Vendée Globe. Fue parte del proyecto 100% femenino que intentó llevar a cabo la regata Jules Verne con Tracy Edwards. En el año 2013, tras una dura selección, entró a formar parte del Team SCA sueco, asumiendo el puesto de patrón. Ella es Samantha Davies

Samantha Davies © Getty images
Samantha Davies © Getty images

Pongámonos en situación. Es día 22 de junio, el capitán del barco magenta del Team SCA toma asiento en el escenario de Gotemburgo, en la conferencia de prensa final de la regata más épica de vuelta al mundo… la Volvo Ocean Race. Ella sonríe, los flashes de las cámaras empapan su rostro de una luz brillante. La edición 2014-15 está a punto de llegar a su fin; ha sido una locura de viaje. “Es increíble estar en condiciones de competir en esta regata. Es la oportunidad de mi vida, comenta.

Esta regata me ha cambiado. He aprendido mucho sobre ser el capitán de un gran proyecto de altísimo nivel“.

Han sido nueve meses de duro trabajo en el agua, pero mucho más en tierra. Ya pasaron casi tres años desde que el Team SCA anunciara que, tras más de diez años, iban a ser la primera tripulación totalmente femenina en participar en la regata más dura de vuelta al mundo. Su primer objetivo era colosal: formar un grupo de 13 mujeres, capaces de aprender rápido y de trabajar juntas, para llevar a cabo uno de los mayores retos en el deporte.

En esos momentos te haces muchas preguntas: realmente este equipo tiene el poderío físico para competir en un entorno dominado por hombres a bordo de un barco one design?

Pues bien, según Sam Davies, se ha demostrado que los escépticos estaban equivocados. “Estamos muy orgullosas de todo lo que hemos logrado“, continuó diciendo. “Lo que hemos hecho es enorme“.

Estamos compitiendo contra los mejores regatistas del mundo; es una sensación increíble haber llegado hasta aquí.

De hecho, es lógico pensar que todo su desarrollo como equipo a lo largo de esta edición culmine donde todo empezó hace tres años, en su puerto base de Gotemburgo. El hecho de navegar en Suecia fue un momento de inmenso orgullo para todo el equipo“, dijo Sam. “El apoyo fue increíble, había gente bordeando el río a lo largo de todo el recorrido, ondeando sus banderas rosas y sus pancartas de ánimo, incluso bajo la lluvia…

De hecho, ese mar de color magenta se había convertido en un elemento constante en todo el mundo ya que estas heroínas capturaron el corazón y la imaginación de miles y miles de fans a lo largo y ancho del mundo.

Y toda esa gran emoción y cariño generado así como la expectativa en torno a todas las cosas que hacía el Team SCA fue la motivación clave para las chicas. “El objetivo era el de inspirar y motivar a la gente a hacer cosas que pensaban que eran incapaces de hacer”, explica Sam, “y creo que lo hemos logrado”.

Sí, al igual que les sucedió a los otros seis equipos, el rendimiento en el agua no siempre se puede planificar, pero esta aventura no consiste solo en la victoria final. Puede sonar a cliché, pero eso es porque es un hecho; algunas cosas son simplemente más importantes que los puntos o los lugares.

Somos algunos de los últimos aventureros del mundo“, dijo Sam, encogiéndose de hombros. “No se puede superar el nivel al que estamos navegando… piensa que no hay muchos regatistas que naveguen alrededor del mundo”.

Y todas las millas navegadas, toda la lucha, el dolor, el cansancio y el agotamiento emocional, todo, era para inspirar a esos miles y miles de fans, de la misma manera que Sam se inspiró viendo esta misma regata hace ya dos décadas y media. “Vi a Maiden ganar la etapa del Océano Austral en la Whitbread cuando era una niña pequeña”, recuerda. “No hay duda de que por eso ahora estoy aquí”.

“Creo que por ser mujer recibes más atención de los medios, pero una vez que estás en ‘modo regata’ eres uno más, no cambia nada”.

¿Lo mejor y lo peor?

Mientras que la tripulación 100% femenina sufrió las condiciones meteorológicas más duras de la tierra, luchando cara a cara con sus rivales en una carrera que se resuelve por pulgadas, las tripulación del Team SCA tuvo su dosis justa de altos y bajos.

Junto a Sami, se unen alrededor de una pequeña mesa en un local anexo al escenario cuatro de sus compañeras ‘magenta’… convirtiendo al entrevista en un enriquecedor coloquio.

magenta

En términos de rendimiento, las chicas ganaron dos regatas In-Port, más que el Abu Dhabi Ocean Racing, el ganador de las series in-port; ganaron la etapa 8 en Lorient y llegaron segundas delante de su público en la etapa que remató en Suecia.

Pero, ¿qué recuerdos destacan más para los regatistas?

“El Océano Austral”, dice sonriendo Sara Hastreiter. “Eso para mí fue uno de los mayores logros que he vivido. Me sentí muy orgullosa de mi equipo y de mi misma como persona”.

“Pero no fue sólo el equipo en el barco, ya que cuando llegábamos a puerto y veíamos a nuestro equipo de tierra, realmente sabíamos que no podríamos haber hecho lo que hicimos sin todo su apoyo”.

“He cambiado mucho como persona, pero esta regata, de muchas maneras, es muy grande. No llegas a entender realmente lo que acabas de hacer hasta pasado un tiempo”.

Su compatriota, Sally Barkow, está de acuerdo. “Creo que esta regata me ha abierto los ojos a la vela oceánica y a todo lo que eso significa. Antes de comenzar, realmente no tenía ni idea de lo que significaba competir en el océano”.

“Mi mejor recuerdo de la regata? Definitivamente ganar la etapa 8“, dijo con una sonrisa radiante. Esa victoria en Lorient fue la reivindicación real de las chicas después de empujar y pelear con el resto de la flota cuerpo a cuerpo en la etapas anteriores.

“Creo que fue la culminación de todo lo que pudimos hacer juntas, tomando muy buenas decisiones en el agua, trabajando muy bien como equipo, manteniéndonos en la vanguardia y empujando el barco más rápido que los otros equipos”, añade Sally.

Y ¿cuáles fueron los peores momentos de este viaje?

“La pérdida de Magnus Olsson,” dice solemnemente Carolijn Brouwer.

La leyenda sueca de la Volvo Ocean Race, conocido como Mange, fue un motivador entrenador y mentor de las chicas hasta que lamentablemente falleció en el 2013. Pero su espíritu de lucha y su energía permaneció a bordo del barco magenta a lo largo de todo el mundo. Su presencia ha sido un recordatorio constante de que algunas cosas son más importantes que las regatas.

Cuando navegaban por el agotador Océano Austral, la región oceánica más extrema de la Tierra, las chicas tuvieron un momento para recordar y rendir homenaje a su héroe. “Fue una visión hermosa, con el mar bastante salvaje y los acantilados de América del Sur a tiro de piedra”, escribió la Periodista de a bordo, Anna-Lena Elled, desde el Cabo de Hornos. “Tuvimos un momento muy especial cuando depositamos una corona de flores para Mange en el agua. Fue un momento cargado de mucha energía y emoción!”.

Magnus participó en seis ediciones de la regata y venía a por más, lo que demuestra lo difícil que es quitarse la regata de encima. Una de sus protegidas en el Team SCA, la dura australiana Sophie Ciszek, se llevó el prestigioso premio Hans Horrevoets como el navegante sub-30 más prometedor de la presente edición, y ya está a la espera de volver al agua.

“Si me ha cambiado esta regata? ¡Por supuesto! Soy una persona diferente”, dice Sophie. “Me gustaría hacer de nuevo esta regata mañana mismo; definitivamente quiero hacerla… no puedo esperar”.

Pero no son sólo los novatos los que pueden ver los cambios en sí mismos después de esta aventura. Pregúntale, sino, a Carolijn Brouwer, que también navegó a bordo del Amer Sports en la edición del 2001-02. “Creo que esta regata me ha hecho una persona más completa”, admite. “Esta vez, para mí, se trataba de una regata diferente en comparación con hace 12 años”.

“Hoy tengo un hijo, una familia, tengo muchas más responsabilidades. A veces, encontrar el equilibrio entre las distintas prioridades no es tan fácil. Esta regata fue todo un reto, pero creo que lo hice bastante bien, y he aprendido mucho de ella”.

Le pregunto a Sam por sus aspectos más destacados de lo que, admite, ha sido una empinada curva de aprendizaje, luchando contra los mejores regatistas del mundo, en el entorno más duro de todos.

Hace una pausa, para pensar. Y entonces, con una sonrisa llena de orgullo, dice: “Ganar en Lorient, navegar en Gotemburgo y terminar con el mismo equipo con el que empezamos”.

Saludos y buenos vientos…

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