Vendée Globe, un curso definido por los grandes Cabos

Desde el Cabo Finisterre en el extremo noroeste de España hasta el cabo de Hornos en el extremo sur de la Tierra del Fuego, los navegantes de la Vendée Globe pasan por varios cabos de renombre mundial, cada uno de los cuales es, por derecho propio, un hito emblemático en el mundo de la navegación. A menudo, el Cabo en cuestión marca el final de un continente, pero inevitablemente cada uno tiene su propia historia marítima que acrecienta y mejora su reputación. Y durante la Vendée Globe, el paso de cada Cabo es siempre una oportunidad importante para marcar una nueva fase en la navegación en solitario alrededor del mundo.

Buena Esperanza, Cabo Leeuwin, Cabo de Hornos: el trío de los grandes cabos de los océanos australes debería complementarse realmente con un cuarto, el Cabo Finisterre. Aunque se sitúe a solo uno o dos días de navegación desde les Sables d’Olonne, marca una etapa realmente importante del recorrido, tanto en la salida como en el camino de regreso a meta.

Adiós a Europa

Finisterre se despide de Europa. El Cabo Finisterre (no confundirlo con el departamento francés de Finisterre) no es en realidad el punto más occidental de la Europa continental; ese privilegio lo ostenta el Cabo San Vicente, en el norte del Algarve de Portugal.

Sin embargo, el paso del Cabo Finisterre suele marcar la salida del Golfo de Vizcaya y a su vez marcado por los fuertes vientos del SO que soplan en la zona. Una vez doblado el Cabo Finisterre, los patrones pueden esperar un cambio rápido en la dirección de los vientos a lo largo de la Península Ibérica, atrapando los vientos alisios portugueses, los poderosos vientos del norte que les permitirán acelerar hacia el sur en un régimen enérgico, pero a menudo estable que les permite a algunos entrar en la rutina y tomarse un respiro después del paso del Golfo de Vizcaya.

El cabo Finisterre es un promontorio de granito al final de la Costa da Morte, nombre que lo dice todo sobre su temida reputación. A más de 140 metros sobre el nivel del mar, el Cabo Finisterre tiene un faro imponente. En tierra, por supuesto, es el hogar de otra gran odisea, ya que los peregrinos llegan desde Santiago de Compostela para quemar sus ropas o sus zapatos o dejarlos como ofrenda al anochecer.

Cuando los patrones alcanzan este punto, no suele hacer una ofrenda especial, más bien dan un suspiro de alivio, sin duda, después de haber hecho un buen comienzo de la vuelta al mundo en solitario al mismo tiempo que ven como el Cabo desaparece literal o figurativamente en la estela del monocasco.

Buena Esperanza, acertadamente nombrado.

Sin duda, el Cabo de Buena Esperanza lleva su nombre por su ubicación como el teórico punto de inflexión entre el Atlántico Este y el Océano Índico y, por lo tanto, el paso al Océano Austral. la realidad es que Buena Esperanza no marca la punta más al sur del continente africano ni constituye la transición entre el Atlántico y el Índico. Es punto es el Cabo Agulhas, a unos 150 kilómetros al sureste.

Pero para los históricos exploradores, el descubrimiento del Cabo de Buena Esperanza se convirtió en el primer gran punto de inflexión hacia el este. Y así, cuando los convoyes de mercantes portugueses que se dirigían a la India pasaban el Cabo de Buena Esperanza, finalmente podían meter un poco de rumbo este.

Y ahora, para los navegantes de la Vendée Globe, el Cabo de Buena Esperanza marca su entrada en el Océano Austral. Durante las semanas siguientes tendrán que lidiar con los desafíos únicos del Océano Índico y luego el Pacífico, navegando lejos de cualquier asistencia externa. Los patrones pasan este punto con algo de aprensión y con la adrenalina a tope, pero es muy, muy raro que los patrones pasen cerca de este Cabo debido a la corriente contraria de las Agulhas, que también provoca un mar desagradable, en contra del viento predominante y también del recorrido de la ruta más corta alrededor del mundo, a más de mil millas al sur del Cabo.

Leeuwin, menos conocido pero un hito clave

Cape Leeuwin se encuentra en el extremo suroeste del continente australiano. Los navegantes de la Vendée Globe no terminan con el Océano Índico hasta que no se ha cruzado la longitud de Tasmania y entre los dos, son casi 2.000 millas que los navegantes deberán recorrer antes de su entrada en el Pacífico. Pero es un hito clave que superar ya que, mentalmente, los patrones se sienten de nuevo más cerca de tierra tras navegar por los gélidos páramos de ese tramo del Océano Índico. De acuerdo con las autoridades marítimas, el curso de la Vendée Globe establece un límite sur que no debe cruzarse cuando la flota se encuentra al sur del continente australiano. Esto es requerido por el MRCC (Maritime Rescue Co-ordination Centres) para mantener la flota al alcance si se requiere un rescate. Este límite se estableció después del incidente en el 2008 cuando Yann Eliès fue víctima de un accidente muy grave. Podría haber sido recuperado por una fragata de la Armada australiana más rápido si la ruta hubiera pasado más al norte.

El paso de la longitud de Leeuwin sirve como punto de referencia para los récords de navegación en el Océano Austral.

Hornos, la liberación

Cruzar el Cabo de Hornos es el Santo Grial de todo navegante oceánico. En Hornos, la meta aún está lejos, pero los patrones están dejando atrás lo que Titouan Lamazou llamó el gris opresivo de las “tierras sombrías”, por lo que deberían ser latitudes más cálidas y menos ventosas. pero, sobre todo, están emergiendo del desierto marítimo del sur, donde los competidores solo pueden confiar en sí mismos para volver a estar en contacto más estrecho con el continente sudamericano.

Doblar el Cabo de Hornos es una oportunidad para pasar la latitud más al sur de la regata. Y este paso suele ir acompañado de algún tipo de celebración que marca la liberación del sur y el paso del icónico y solitario islote rocoso. La gran ventaja es ver el propio Cabo de Hornos y poder tomar fotos o gravar algún video del pasaje. En teoría, la vida se vuelve un poco menos salvaje, a pesar de que todavía quedan de tres semanas a un mes en el mar antes de llegar a la meta en Les Sables d’Olonne.

La tentación es navegar lo más cerca posible de la isla Hornos, pasar el pie de los acantilados de Tierra del Fuego, para tener la oportunidad de ver el faro custodiado por un miembro de la marina chilena y su familia. Hoy no se siente tan solo ya que se organizan cruceros para llegar al Cabo de Hornos desde Ushuaia o Puerto Williams. Cuando el tiempo lo permite, las semirrígidas amarran en la isla del fin del mundo. Tal vez sea el caso, pero los verdaderos Cape Horners han pasado los océanos australes bajo sus quillas (o foils, según sea el caso) y siempre guardarán con orgullo los recuerdos de su paso por el Cabo más famoso de todos.

Saludos y buenos vientos

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